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UN HOGAR DE ENSUEÑO EN LA COSTA DEL SOL

Sobre Malaga

Se dice que el hogar de un hombre (o de una mujer) es su castillo, pero cuando ese castillo se ve continuamente inundado por la lluvia, quizás podría pensar en mudarse a otras latitudes. El atractivo de una vivienda en la Costa del Sol no es ninguna novedad: Huir de los veranos que no acaban de llegar, disfrutar de platos de pescado que de verdad saben a mar, dar paseos al atardecer al borde del mar, quitarse las alpargatas y mojarse los pies en las relajantes aguas del Mediterráneo, ¿quién no ha soñado alguna vez con todo eso mientras volvía corriendo al coche a por el paraguas? En estos tiempos difíciles de confinamiento, ¿por qué no plantearse tal vez un plan diferente para las situaciones de emergencia?

 

“¿Estás listo para disfrutar de tu propio «castillo» en la Costa del Sol?”

 

Pero los castillos son caros y muy difíciles de calentar. Por eso, el urbanita medio busca algo más asequible cuando abandona su entorno habitual. Para empezar, una vez que sale de la gran ciudad, el poder adquisitivo del que disfruta en Madrid, Valencia o Barcelona le ofrece de repente un amplio abanico de posibilidades en la Costa.

 

El espacio, después de vivir durante años en apartamentos apilados y en trenes abarrotados, los espacios abiertos son muy atractivos. Aunque la provincia de Málaga no puede competir con Extremadura en densidad de población, con un poco de imaginación y buscando un poco, en seguida surgen oportunidades. Las carreteras tortuosas que llevan desde la playa hasta las propiedades aparentemente exclusivas crean un marco acogedor desde el que disfrutar de una jubilación anticipada. Espacio para disfrutar de un relajante aperitivo en el porche al atardecer, espacio para una piscina, un jardín y una zona de juegos para los nietos. Disfrutando de una copa de vino frío mientras el sol calienta tu rostro, recuerdas a tus amigos que ya han cenado en sus casas y te preguntas por qué has tardado tanto en dar el paso.

 

Durante muchos años, el turista de la ciudad se ha limitado a trasladar su vida anterior, a veces gris, a un clima más soleado, donde parte de la región se ha transformado en una imitación del día a día del que parecían querer escapar. Ya no basta con unos bares poco atractivos donde sirven comida extranjera en la que nunca te habrías fijado en su estado original, el comprador ahora conoce más mundo y cuando decide comenzar una nueva vida, la carga recae en la novedad.

 

Atrás ha quedado el deseo de poseer un apartamento en un bloque cerca del mejor chiringuito de Torremolinos. Actualmente, la meta pasa por sumergirse en el estilo de vida mediterráneo, y las propiedades, ya sean clásicas o modernas, deben adaptarse a esta extensión del yo. En esta época idílica, los nuevos compradores buscan una nueva vida lejos del ajetreo de sus vidas anteriores, adentrándose en bonitos pueblos costeros que les permiten formar parte de la comunidad local, adoptar una nueva vida, tal vez una vida más sencilla, donde el hogar es la base de todo.

 

Las decisiones que hemos tomado durante este periodo sin precedentes del Coronavirus sin duda marcarán nuestro futuro. El confinamiento es tan desagradable como lo es nuestro entorno. Si tuvieras la oportunidad de escapar a un refugio donde el distanciamiento social existe desde hace mucho tiempo, donde te pueden suministrar en tu puerta los mejores mariscos y las mejores verduras, mientras el viticultor espera pacientemente a 2 metros de distancia, ¿qué mejor entorno para dar rienda suelta a la creatividad que has tenido que reprimir durante tantos años? ¿No es ahora el momento de desenterrar el pincel o empezar esa novela? Paz y espacio, el escenario ideal para la inspiración.

 

Por fin vas a disfrutar de esa espaciosa cocina con las estanterías llenas de cazuelas, que invita a los propietarios a visitar el mercado local y comprar lo que les apetezca. Probar las recetas locales y disfrutar de esos tomates, que saben como tomates de verdad, compartir una mañana de compras en el mercado local en compañía de nuevos amigos venidos de cerca y de lejos.

 

E incluso si el paisaje montañoso de la izquierda, el mar a la derecha y el pueblo blanco en el centro, de alguna manera, te hacen añorar lo que dejaste atrás, la posibilidad de recurrir a alquileres turísticos o de dejar la propiedad en manos de un agente inmobiliario para poder disfrutar del sol del invierno mientras la vivienda se paga sola significa que el presupuesto puede dar de sí de una manera que antes habría resultado ser cuando menos prohibitiva.

 

 

 

 

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